Volver a Camerún con una pregunta más amplia
🇨🇲 Viajamos a Camerún con Fundación Anesvad para reencontrarnos con Ronie y Frédérique, dos becadas del programa la Beca de Todas tras volver a su país después de su estancia en Madrid.

Frédérique y Ronie nos reciben en Yaoundé un año después de nuestro último encuentro en la Universidad Carlos III de Madrid. Ahora, ambas, ya no hablan como dos investigadoras que acaban de recibir una oportunidad. Hablan como dos mujeres que intentar convertir esa oportunidad en una meta concreta. En abril de 2025 acababan de llegar a España gracias a La Beca de Todas de Fundación Anesvad. Entonces, casi todo estaba formulado en futuro: aprender, investigar, ampliar redes y regresas con nuevas herramientas.
Ronie quería estudiar el impacto del cambio global (la deforestación, el calentamiento global o las transformaciones ambientales) sobre las enfermedades tropicales desatendidas (de ahora en adelante, ETD) de la piel, con un foco especial en las comunidades baka del sur de Camerún. Frédérique, médica y epidemióloga, quería investigar las consecuencias menos visibles de esas enfermedades: la discapacidad, el estigma, la exclusión y la vida después del diagnóstico.
Ahora, desde Camerún, las dos siguen hablando de ciencia e investigación, pero ya no hablan solo de aprender. Hablan de devolver.
“Que no se quede solo en nuestras libretas”
En 2025, Frédérique dejó una frase en España que, vista desde Yaoundé, parece haber anticipado todo el recorrido posterior. “Es verdad que he venido a aprender, pero espero poder aportar algo más”, decía entonces. “Que todo lo que hagamos como investigadoras pueda llegar a alguna parte, que tenga un impacto, que se materialice y que no se quede solo en nuestras máquinas o libretas”.

Un año después, esa idea ya no es una expectativa, es una forma de trabajo. Durante su estancia en Madrid, Frédérique realizó una revisión de literatura sobre las ETD y sus consecuencias: qué ocurre cuando la enfermedad ya está presente, cómo afecta a la vida cotidiana, cómo se gestiona la discapacidad, qué peso tiene el estigma y qué estrategias se han ensayado en otros puntos del continente africano.
La investigación le permitió mirar a países como Etiopía y Senegal para preguntarse qué estrategias podían adaptarse en Camerún. “Intentaba captar muchas estrategias que se habían hecho allí”, cuenta. “Y eso es lo que he empezado a aplicar y poner en marca aquí, en mi país”.
Aun así, la epidemióloga insiste en que ninguna estrategia sanitaria puede trasladarse de un país a otro como si todos los contextos fueran iguales. Camerún obliga a mirar con precisión: “La realidad de Camerún no son necesariamente las mismas que las de Senegal”, explica. “En Camerún tenemos más de 200 lenguas, y tantas lenguas como culturas”. Por eso, una recomendación de salud pública no basta con ser técnicamente correcta, también tiene que ser comprendida, aceptada y adaptada a cada comunidad.

Su trabajo actual se organiza en tres frentes: poblaciones nómadas, comunidades rurales del este del país y autoridades públicas. Las primeras, por su movilidad, pueden estar más expuestas a ciertas enfermedades. Las segundas acuden poco al hospital y recurren a prácticas tradicionales que Frédérique no quiere prohibir, sino acompañar con información sanitaria. Y el tercer frente es el Estado: “Podemos sensibilizar a las comunidades, pero si las estrategias no son aceptadas a nivel estatal, será difícil implementarlas”, explica.
Habla sin triunfalismo. El proceso acaba de empezar. “El sistema es todavía muy nuevo, realmente embrionario”, reconoce. Faltan recursos, autorizaciones, permisos del Ministerio de Salud y el tiempo. Aun así, el conocimiento que en Madrid residía en artículos científicos ya ha empezado a viajar por carreteras tortuosas y comunidades remotas.
Las mujeres como promotoras del cambio
En ese mapa de la investigación, las mujeres ocupan el centro. “Trabajo mucho con las mujeres porque son ellas quienes van a buscar el agua al río y están en contacto con los puntos de contagio”, explica Frédérique. “Son ellas las que van al campo, hacen la colada, cocinan, se ocupan de los niños. Hacen absolutamente todo”.
Su estrategia también abarca la formación de mujeres lideresas para que el mensaje circule de unas a otras. “Si ellas son sensibilizadas y se convierten en promotoras de la información, las cosas pueden evolucionar muy bien. Es como una bola de nieve”, apunta desde su oficina en Yaoundé.
El sueño de Frédérique ahora tienen una forma concreta: un doctorado. “Es mi deseo más querido”, revela.
Ronie y los baka

La evolución de Ronie es distinta, pero complementaria. Su investigación ya ha avanzado hasta la extracción y análisis de datos. Ahora necesita discutir los resultados con el equipo que la acompañó en España, cerrar el círculo y publicarlo. “Me falta discutir los resultados obtenidos y, eventualmente, hacer una publicación. Eso era lo que estaba previsto desde el inicio: hacer la investigación y llegar hasta la publicación”, apunta Ronie.
Para Ronie, publicar no es solo un objetivo académico, sino también una manera de hacer visible un problema que apenas aparece en la literatura científica. El foco de su trabajo son las poblaciones vulnerables de África, especialmente los baka, una comunidad indígena con la que trabajó durante casi seis años. “Los baka viven en el corazón de la selva y están sometidos a muchos cambios de todo tipo”, apunta.
Cuando intentó centrar la revisión únicamente en los baka, encontró muy pocos artículos: “No había ni diez artículos sobre los que apoyarse”, cuenta. Esa ausencia también es un dato: habla de una comunidad poco estudiada y poco atendida. Ronie lo dice con dureza: “Hay gente que ve a los baka como personas primitivas y no se interesa por su estado de salud”. Frente a eso, su investigación busca poner luz donde todavía hay oscuridad.

África, en el centro de la investigación
Hay una frase de Frédérique que desmonta otro tópico: el de la investigadora africana que viaja a Europa para quedarse o para ser validada por el Norte. “No tengo ni he tenido intención de instalarme en Europa. Solo quiero viajar para tomar nota sobre lo que sabéis hacer para implementarlo en mi país”, explica.
La Beca de Todas aparece así como un movimiento de ida y vuelta. España no es el destino final. Es un lugar de aprendizaje, método y redes. El punto de llegada vuelve a ser Camerún.
En 2025, Ronie y Frédérique querían aprender. En 2026, quieren que lo aprendido circule: por los bosque donde viven los baka, por las comunidades nómadas, por las mujeres que van al río y cuidan de sus hijos e hijas, por los ministerios que deben autorizar o por los artículos que todavía falta publicar.
Este reportaje es fruto de la colaboración de África Mundi con Fundación Anesvad.



