Terminología
🇳🇬 En el Cinturón Central de Nigeria central, violencia confusa y etiquetas imprecisas dificultan comprender actores múltiples y tragedia humana.
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Terroristas. Musulmanes. Pastores. Fulani. Bandidos. Boko Haram. El Estado Islámico. Todos estos nombres resuenan a diario en el Cinturón Central de Nigeria. En los cafés de las ciudades, en los pueblos donde las madres cuecen ñame en las cazuelas y los críos juegan de un lado a otro despreocupados por la vida, hasta que esta les golpea irremediablemente. Se repiten estos nombres como maleficios en Benue, en Plateau. Aquí hay decenas de controles armados en las carreteras principales que detienen tu vehículo, te miran y te dejan pasar si no tienes mala pinta.
O si les pagas un sobresueldo. Son controles de todo un poco, de milicianos, policías, militares, vigilantes y agentes de tráfico acompañados por mujeres y niños que en ocasiones se intercambian por amigos de la rama de lo civil. Terroristas, milicianos cristianos, musulmanes, policías, pastores, militares, fulani, vigilantes, bandidos, agentes de tráfico, Boko Haram, el Estado Islámico, mujeres, niños, amigos de la rama de lo civil. Todo esto ha escupido Dios en el Cinturón Central nigeriano.
Hace escasos días, durante una visita que hice a Yelewata, unas trabajadoras de Naciones Unidas se referían a la masacre de 258 personas en esta localidad como “el incidente”. The incident.
Doscientos cincuenta y ocho muertos: hombres calcinados, bebés de pocos meses atravesados por el tajo en la cara que los mató. Supervivientes rotos y atemorizados; muchos escaparon a Makurdi, la capital del estado, para pasar a convertirse en desplazados internos.
El incidente.
Y el incidente, el ataque o la masacre se precipitan también a la pócima de la violencia. En este galimatías de concepciones entremezcladas, se escucha además la afirmación que habla de un genocidio cristiano, y esto sí que son palabras mayores para los españoles que piensan que cambiarán el mundo discutiendo en la sobremesa. Incluso Donald Trump defiende que la inseguridad en Nigeria se trata simple y llanamente de un genocidio, pero muchos le discuten un calificativo tan absoluto, entre los que me incluyo.
Como periodista que ha cubierto con el frenesí de su juventud varios conflictos africanos, puedo decir con toda la autoridad que se me quiera conceder que la situación de seguridad en el Cinturón Central me parece el CANI (Conflicto Armado No Internacional) con más capas que hay hoy en África. No se me ocurre otro lugar donde brinquen tantos calificativos. Y, la verdad, no debería sonarnos extraño: todos forman parte de la tragedia nigeriana, cada uno contribuyendo con su palada de lágrimas. Encuentro anonadado este repertorio de términos y procuro explicar a la gente que me encuentro que la terminología es fundamental para designar al contrincante. Porque no se puede combatir igual a un grupo terrorista organizado a su manera, que a una comunidad ganadera donde se incluyen tradiciones ancestrales. La estrategia dependerá de ello.
Y si los bandidos pueden ser exterminados a la manera similar que los terroristas islámicos, porque ambos son bandas de tipos chungos y poco más, pues en este caso importará si hay civiles en juego. O que seas tú mismo al encontrártelos civil, policía… o uno de ellos.
Pero… ¿los civiles muertos, iban armados? ¿O son de esos civiles que nombran así en los informes oficiales porque iban armados sin uniforme?
La mezcolanza de términos que caen sobre el periodista puede ser capaz de aturdirle. En la era de la posverdad parece que todo el mundo tiene una opinión irrefutable. Y el Gobierno alterna la valentía de sus soldados con la desidia de quienes no quieren morir, sino enriquecerse en los controles de la carretera.
Cuesta identificar a amigos y enemigos. Aunque los de Boko Haram sean todos malos, la experiencia enseña que malos hay por todas partes, y buenos también hay muchos, pero que hace falta identificar a cada grupo. Terroristas, milicianos cristianos, musulmanes, policías (corruptos o no), pastores, militares, fulani, vigilantes, bandidos, agentes de tráfico, Boko Haram, el Estado Islámico, mujeres, niños, amigos de la rama de lo civil, buenos y malos.
¿Y quiénes son los malos? ¿Los fulani? Abdoulaye, mi amigo, es fulani, y no es malo. ¿Los pastores fulani son los malos? Tonterías. Justo el 16 de enero murió un imán fulani (por causas naturales, era anciano) famoso por promover la convivencia religiosa en el estado de Plateau. ¿Y los terroristas de Boko Haram, son malos?
Esos sí. Vamos avanzando. Pero hay pastores fulani que masacran a agricultores cristianos y fulani, no pastores, que combaten del lado del Estado Islámico. Y fulani honrados, pastores o no; son 40 millones en todo el mundo.
El enemigo es difuso para los afectados. Durante siglos convivieron los berom con los fulani, dejando a sus vacas pastar sus campos en la época seca, recibiendo como única compensación la mierda que abona sus campos. Musulmanes y cristianos convivían en Plateau con una paz impresionante hasta el siete de septiembre de 2001. Ese día atacaron unos hombres desconocidos una mezquita y un equilibrio que ya se supone frágil se derrumbó, y los dos lados iniciaron una cadena de crímenes que todos atribuyen con cierta irresponsabilidad al gobierno.
El gobierno. Otro término. Uno de los grandes. El único con derecho real a utilizar la fuerza bruta. Los pastores fulani dicen que el gobierno arma a los agricultores berom y que la Operación Rainbow está destinada a masacrarlos; los berom lamentan que el Gobierno no coloque controles en las carreteras afectadas, más allá de las rutas principales. También acusan los berom a una élite islámica infiltrada en el Gobierno y que tira de los hilos para ayudar a los pastores fulani y los terroristas del norte. No tienen pruebas, como los fulani, pero lo dicen convencidos.
Rumorología y una muestra catastrófica del teléfono escacharrado. El término de la ONU, incidente, hiela la sangre a uno, mientras los periodistas locales confiesan que salen al paso escribiendo el término “hombres armados” (armed men) o “pistoleros” (gunmen), en función de si matan a sus víctimas con machetes o fusiles. De esta manera evitan acusar a un grupo u otro, pero siempre escriben el origen de la víctima: Hombres armados matan a un pastor fulani/diez agricultores en un ataque este domingo. Etc.
Terroristas, milicianos cristianos, musulmanes, policías (corruptos o no), pastores, militares, fulani, vigilantes, bandidos, tiv, agentes de tráfico, berom, hombres armados, Boko Haram, el Gobierno, el Estado Islámico, mujeres, niños, amigos de la rama de lo civil, buenos y malos, pistoleros. La forma de reconocer a cada actor en cada momento es como hacer un puzle, sumando sustantivos hasta acertar en la mayor medida posible.
Los bandidos secuestran. Los fulani y los terroristas aúllan Allahu Akbar cuando se lanzan al combate. El resto de la noche son gritos y confusión. Llamas con alguien dentro. Una tierra donde todo lo que contiene arde a la vez.



