Puertos, petróleo y poder: la batalla silenciosa entre el Golfo y África
🌍 El Cuerno de África se convierte en un epicentro geopolítico donde potencias del Golfo compiten por rutas, recursos e influencia estratégica global.
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Un entorno volátil, rivalidades cruzadas, guerra, cambio climático y lucha por el control de pasos logísticos vitales para la economía global. Todo eso cabe en el Cuerno de África, un centro geopolítico por el que pasa en torno al 15% del comercio mundial, flanqueado por el Canal de Suez al norte y el estrecho de Bab-el Mandeb al sur y que experimenta una rivalidad creciente por dinámicas internas y la expansión de los conflictos del este.
Los mapas sirven para localizar puntos, pero no relaciones. África y Oriente Medio no son espacios desconectados. La última década, y más concretamente el último lustro, ha acelerado un proceso de relación e interconexión política, económica, militar y geoestratégica entre el Cuerno de África y el Golfo Pérsico.
El territorio africano presenta oportunidades que el desértico entorno arábigo no ofrece mientras que las monarquías petrolíferas tienen en su haber una capacidad económica y una ambición geopolítica que ha encontrado hueco en el Cuerno de África. Inversiones, armas, alianzas y rivalidades unen a dos espacios separados geográficamente por apenas 150 kilómetros, la distancia que separa Al Muwassam en Arabia Saudí y Massawa, situada en Eritrea, al otro lado del Mar Rojo.
Cuando el dinero no lo es todo: qué buscan los países del Golfo en África
De forma resumida, las monarquías petrolíferas del Golfo buscan en el Cuerno de África (y en el continente en general), al menos, tres cosas. Por un lado, diversificar sus economías totalmente dependientes de la exportación de petróleo; asegurar un suministro de materias primas tan básicas como los alimentos y, por último, influencia, en un proyecto que mezcla aspiraciones geopolíticas, intereses comerciales y diplomacia.
Respecto a lo primero, si bien es cierto que la industria del petróleo y sus derivados supone una ingente fuente de ingresos para los países del Golfo, la dependencia de este sector implica riesgos. Un barco atascado en Suez, una pandemia global o un conflicto militar son eventos que han sacudido la base económica de estas monarquías.
Por ello, con los recursos financieros disponibles, Emiratos Árabes, Arabia Saudí o Catar se han lanzado a inversiones en distintos ámbitos que les permitan no solo asegurarse el suministro de materias primas esenciales como los alimentos, sino también poder ejercer influencia sobre mercados y ejes logístico-comerciales mundiales. El proceso de ocupar espacios ha acabado generando un choque entre ellos, especialmente entre Emiratos Árabes Unidos (EAU) y Arabia Saudí cada vez más visible en el Cuerno de África.
Hace tiempo que Abu Dhabi se estableció como socio de muchos actores de la región. Su acercamiento mezcla inversiones muy específicas en infraestructuras portuarias, compra de tierras agrícolas y minerales, especialmente oro. Esto le ha granjeado la amistad de varios países y la capacidad de establecer y mantener una red de alianzas con actores estatales y no estatales.
EAU es titular de Dubai Port World, el tercer operador portuario más grande del mundo. En África su presencia, inversiones y proyectos se extienden a Sudáfrica, Senegal, Angola o Egipto. Pero, algunos de los socios más importantes no son gobiernos estatales, sino regionales. DP World opera dos puertos claves en el mar Rojo, Berbera y Bosaso, que responden a su vez a la autoridad de los gobiernos regionales autónomos de Somalilandia y Puntlandia, respectivamente. En paralelo y por medio de la empresa agroindustrial Al Dahra, ha adquirido tierras agrícolas en Angola o Tanzania.
Arabia Saudí ha seguido los pasos de su vecino. Inversiones en mercados con potencial como las energías renovables destacan en una estrategia bien definida que Riad presentó a África en la primera cumbre saudí-africana de 2023 y que se complementó el pasado año cuando los saudíes anunciaron planes de inversión de 25.000 millones de dólares hasta 2030.
El conflicto que todo lo cristaliza: Sudán
El conflicto sudanés, una guerra civil que va camino de su tercer año, se ha convertido en el catalizador de la formación de ejes en la región y la evidencia más palpable de lo antagónico de los proyectos emiratí y saudí. Las consecuencias: la crisis humanitaria más grave de la actualidad, crímenes de guerra documentados, hambruna y más de 10 millones de desplazados. Del apoyo que tanto Emiratos Árabes como Arabia Saudí prestaron al Consejo de Transición allá por 2019, se ha pasado a una confrontación indirecta de la que participan numerosos actores regionales.
En el escenario sudanés es donde Emiratos Árabes ha puesto más empeño. Su apoyo ha sido fundamental para que los paramilitares de las Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR) no solo obtengan material y combatientes para enfrentar a las Fuerzas Armadas de Sudán (FAS), sino que también han obtenido respaldo diplomático y político y hasta una legitimidad que ha permitido al líder rebelde, Mohamed Hamdan Dagalo “Hemedti” reunirse con otros jefes de Estado.
Abu Dhabi ha construido una red logística que involucra a milicias libias, puertos en la costa de Somalia, campos de entrenamiento en Etiopía, mercenarios colombianos y aeropuertos en Chad que ha sido fundamental para que las FAR dominen actualmente la mitad de Sudán.
La expansión emiratí y los lazos establecidos han generado recelos dentro y fuera del Cuerno. Como consecuencia, se ha articulado un eje anti UAE encabezado por Arabia Saudí y Egipto. Riad trata de hacer la contra a su vecino mientras que Egipto quiere evitar que EAU sustente las ambiciones etíopes y fortalezca aún más a su rival directo en el Nilo. Por esas razones, Egipto y Arabia Saudita han incrementado recientemente sus esfuerzos militares y políticos para apoyar a las FAS de Abdelfattah Al-Burhan, el otro hombre fuerte en Sudán.
Esta es otra de las claves en esta disputa: si Arabia Saudí y EAU progresan es, en parte, porque han encontrado en las diferencias regionales un elemento a explotar en su favor. Así, los bandos no solo se potencian y amplían bajo una lógica de relación directa, sino por oposición.
De esta manera, EAU es un socio estratégico de Etiopía, quien a su vez compite con Egipto por ser el hegemón regional y el dominio de la cuenca del Nilo. Para contrarrestar la creciente influencia etíope, El Cairo firmó un pacto de seguridad con Eritrea y Somalia, quien a su vez mantiene una disputa abierta con Abu Dabi por los acuerdos portuarios ya citados anteriormente con Somalilandia y Puntlandia, que desafían la autoridad del gobierno federal somalí.
Un juego de alianzas y rivalidades volátil que genera un equilibrio frágil y un riesgo de conflicto casi permanente.
Somalia: el último espacio de confrontación
Somalia ha sido el último escenario de confrontación diplomática entre actores regionales y externos.
La búsqueda de salida al mar de Etiopía supuso, a inicios de 2024, un acercamiento con Somalilandia. Adís Abeba firmó un compromiso de reconocimiento de Somalilandia como Estado a cambio de obtener un acceso directo al mar Rojo. Es en este punto donde Turquía aparece como jugador de peso en las dinámicas del Cuerno de África.
Ankara ha invertido considerablemente en Somalia, mantiene acuerdos militares y de cooperación con Mogadiscio y gestiona instalaciones críticas en territorio somalí. Un conflicto directo entre Etiopía y Somalia ponía en riesgo estas inversiones así que la diplomacia turca trabajó para que ambos vecinos pusieran fin a sus disputas.
Sin embargo, cuando Somalia y Etiopía habían normalizado sus relaciones tras el episodio de Somalilandia, Abiy Ahmed amenazó con reabrir el frente en Tigray y el tono contra Eritrea se ha elevado progresivamente desde mediados del pasado año. Entre denuncias y cruce de declaraciones de los países del Cuerno llegó un movimiento inesperado de Israel, el último actor de peso participante en la emergente dinámica de la región. Benjamin Netanyahu dio reconocimiento estatal a Somalilandia a finales de 2025, profundizando agudizando la crisis política en Somalia, poniendo en riesgo la proyección turca y aspirando, al igual que China, Estados Unidos y los citados países del Golfo, a tener una posición militar en el mar Rojo.
Un futuro menos incierto de lo que parece
La región del Cuerno de África y el continente por extensión, están sujetos a las disrupciones globales. El conflicto en curso entre Irán, Estados Unidos e Israel es una de ellas. Las reacciones a los recientes acontecimientos en Oriente Medio han dejado claro cuáles son las posiciones de los distintos actores. En el caso de Sudán, si bien condenó los bombardeos iraníes contra los países del Golfo, omitió mencionar a EAU, algo que también hizo Somalia.
Los efectos del conflicto son ya evidentes (alza de los precios del petróleo) pero podrían agudizarse y generar cambios significativos en el complejo entorno de relaciones y rivalidades descrito. Sometidos a la presión iraní y al cierre de Ormuz, los ataques de Teherán han resaltado las debilidades de las monarquías petrolíferas y amenazan con incidir en sus economías, algo que podría tener eco en África.
Por un lado, las inversiones árabes en muchos casos son promesas, no realidades. Una prolongación del conflicto podría retraer y retrasar algunos planes de inversión a medio y largo plazo, pero, sin duda, lo más relevante en este momento es el impacto en la guerra de Sudán. Las dificultades que pueda encontrar EAU para abastecer a las FAR y movilizar a sus proxys podrían permitir al Ejército sudanés consolidar sus recientes avances.
Ahora bien, los Estados del Golfo son una realidad pujante en África y en el Cuerno y gracias a una estrategia de décadas se han establecido como socios o rivales de los países africanos demostrando que, de nuevo, África es una zona de competencia entre potencias y medias potencias globales, pero también entre países africanos.




