Nunca tuvimos tantos datos y estuvimos tan perdidos en políticas migratorias
Una treintena de académicos, funcionarios, abogados, cooperantes y comunicadores debatieron en el V Círculo AM sobre la migración, los movimientos dentro y fuera de África y las políticas y relatos
¿Cuándo empezamos a movernos? El ser humano camina desde tiempos inmemoriales, en busca de agua, comida o trabajo, pero hay veces que no vuelve. Por eso cabe hacer una diferencia esencial entre movilidad humana y migración. Siempre nos movemos de un pueblo a otro, una ciudad a otra, puedes ir y venir, con el propósito de regresar. Pero migrar es partir de un punto hacia otro por diferentes motivos.
Solemos dividir las migraciones en forzosas o no forzosas, pero, ¿dónde se dibuja la línea? ¿Moverse de España a Alemania por querer buscar un trabajo mejor pagado en 2008 es una migración forzosa? Hemos montado en el imaginario la migración conectado a una crisis, cuando las personas pueden elegir moverse de pueblo, ciudad o país por cualquier motivo sin ser una cuestión de fuerza mayor.
El concepto de la migración es un tema por lo tanto visto como un negativo y desde el ajeno en la sociedad actual española. El migrante no somos nosotros, que hemos venido a Madrid a trabajar, o buscamos estudiar en París, ni tampoco los que acabamos yendo por trabajo a Abiyán o Nairobi. No, el migrante, ese nombre que se ha convertido en un sujeto político propio, irrelevante de si es hombre o mujer, arquitecta o costurero, alto o bajo, es alguien extranjero, externo, extraño. Una amenaza. Si encima eres menor eres un MENA, unas siglas de Menor Extranjero No Acompañado que se han tergiversado con la xenofobia hasta hacerse sinónimas en el imaginario colectivo con la delincuencia.
De las causas, consecuencias y factores que influyen a la migración se debatió en el V Círculo África Mundi titulado “Migraciones: políticas, narrativas y realidades africanas”. Una treintena de académicos, personal de la administración pública, abogados, cooperantes, comunicadores y especialistas en migración se juntaron el pasado martes en CaixaForum en torno a cinco mesas que trataban cuestiones que se entrelazan: ¿podemos trabajar hacia una política migratoria basada en los derechos humanos en España y la UE hacia África? ¿Cuál ha sido el impacto, en el corto plazo, de la regularización extraordinaria en las personas migrantes subsaharianas en España? ¿Qué consecuencias tiene el legado colonial en el fenómeno migratorio actual? ¿Cuáles son las causas, consecuencias y respuestas de la migración dentro del continente africano? Y por último, ¿cómo se dibuja la migración de las personas de origen africano en los medios de comunicación?
La migración intra-africana
En base a todo ello dibujamos un marco comenzando por la historia y lo que ocurre dentro de las fronteras. A día de hoy más del 80% de las migraciones se producen dentro del continente, un fenómeno que viene acompañado por un legado de migración. El colonialismo impuso unas fronteras que frenó el estilo de vida de pueblos nómadas, como los peul o djoula en el África occidental, que practican la transhumancia y se han visto frenados.
Esos frenos se han sumado otros factores como los conflictos o el cambio climático, que por un lado fuerzan la movilidad pero por otro la impiden, generando el concepto de inmovilidad. En África hay una alta intencionalidad de migrar respecto a una baja capacidad de hacerlo por medios propios, bien por chocar contra un visado que no te ofrecen, contra un grupo armado o contra tu propia incapacidad de costear tu migración.
A pesar de ello, el propio despegue de algunos países africanos no se entendería sin la migración. Pasó en Costa de Marfil, cuando desde la independencia se convirtió en un hub con la producción de cacao gracias a la mano de obra de burkineses y malienses, así como con el petróleo en Nigeria con personas de Benín y Níger llegando.
Tanto que ha generado propias crisis dentro del continente por la migración, como la que acabó por estallar en 2011 en Costa de Marfil con el concepto de "Ivoirité" para definir la identidad de quién era marfileño, pues la diáspora llevaba ya varias generaciones en el país. Eso se ve hoy también en países como Sudáfrica, con movimientos xenófobos contra aquellos migrantes que trabajan ante la alta tasa de desempleo.
Sin embargo esa movilidad se ha favorecido mediante acuerdos comerciales como ocurrió con la CEDEAO y ahora se busca impulsar con el Área de Libre Comercio Continental Africana (AfCFTA), que busca la libertad de movimientos en un mercado único empezando por crear hubs: en Nairobi un hub tecnológico al estilo Silicon Valley y en Dakar un hub cultural, entre otros.
La migración más allá de las fronteras del continente
Sin embargo, la migración más allá de las fronteras también ha crecido, tanto que la Unión Africana considera a la diáspora una de las seis subregiones, con 21 millones de africanos viviendo fuera del continente.
En Europa, las políticas migratorias han ido hacia una securitización de las fronteras, aupadas por discursos negativos y la falta de una política clara y estable a nivel comunitario que permita establecer unas pautas claras y evitar que miles de persones tengan que dejarse sus ahorros y endeudarse con mafias para jugarse la vida, solo para si después se consigue llegar, luchar en un limbo de ilegalidad.
Por eso en el V Círculo África Mundi se habló de la necesidad de políticas de integración y la cuestión del cuerpo del migratorio, con la posibilidad de crear una Convención global sobre la migración que defina unas bases entre países.
En ese sentido, se planteó también la necesidad de una conversación mediterránea honesta, entre países europeos y africanos, para conseguir regular la migración y evitar que se tomen decisiones absolutamente arbitrarias como por ejemplo que Mauritania y Marruecos dejen a personas en mitad del desierto vulnerando todos los derechos de las formas más básicas.
Otra cuestión es la responsabilidad subsidiaria de los países europeos, que financian esos programas de persecución al migrante en territorio ajeno e incluso centros de detención donde se cometen abusos.
Una regularización extraordinaria
En cuestión de la regularización extraordinaria de migrantes, a la que según los primeros datos se han apuntado 900.000 personas en España, la mayoría latinoamericanos asentados en el país, se habló de la confusión y la dificultad de entender todo el proceso para los migrantes incluso para los trabajadores públicos en organismos como Correos o ayuntamientos donde han ido a parar las solicitudes.
La falta de unas políticas claras lleva a que personas sean dirigidas a hacer el proceso online, sin tener clave registrada, o a desviar llamadas de personas de mayor edad hasta que son derivados a otra línea sin instrucciones claras.
Eso es especialmente difícil para personas de origen africano, pues no tienen la misma facilidad con el idioma y a su vez no todos los países cuentan con embajadas en España, y las oficinas consulares a menudo están compartidas con otros países o faltas de personal.
Por eso se abogó que aunque es una medida positiva para todos, desde los propios migrantes al centro, la dignidad humana y la economía española de fondo, se abogó por un proceso de regularización estable, continuo y normalizado para que cientos de miles de personas no estén en una situación irregular durante diez años, esperando un golpe de suerte.
Una narrativa desigual
En la imagen que se hace en los medios del migrante se posiciona también desde una imagen negativa, y si es positiva a menudo como el de persona desvalida necesitada de un alma caritativa, habitualmente un salvador blanco.
Esa mirada se refuerza en programas en televisiones públicas y privadas, con programas donde se pone el foco en tragedias, o en historias de superación. Vidas que al final son heroicas, pero que acaban cansando al propio espectador, ajeno a historias de centros de migrantes o cayucos en su vida diaria.
Esas historias que al final se han vuelto en contra de las propias personas migrantes, echas sujeto propio como comentábamos, y a las que ahora poner sus historias que antes conectaban con la audiencia implica exponerlas al odio en las redes.
Por eso se abogó por cargarse las fronteras mentales de personas migrantes y no migrantes y llevar a personas de origen africano al día a día del lector, oyente o espectador, apostando por incluir a personas de todo tipo de origen en cuestiones del día a día.
También se mencionó la posibilidad de que las propias personas migrantes sean quienes reviertan el propio significado negativo de algunos términos como Mena o subsahariano, como han conseguido hacer con términos despectivos como “sudaca” los colectivos latinoamericanos o “marica” la comunidad LGTBIQ+, dándole un giro reivindicativo propio y resignificando su sentido hasta ridiculizar el insulto.
Si algo se puede concluir de un tema como la migración, que discurre entre las manos como el agua que intentamos atrapar, es que sigue sin haber una política clara, estable y que dignifique a las personas.
Y no es por falta de ganas. Nunca tuvimos tantos datos y estuvimos tan perdidos en políticas migratorias. Por eso hay que trabajar por resignificar la migración desde las administraciones públicas, medios de comunicación y la sociedad civil para desdibujar a ese sujeto político propio llamado migrante e integrarlo como una persona más en la sociedad, sea cual sea su origen.






