La sesión de Thierry Mugler que cerró para siempre la mezquita de Djenné a los no musulmanes
🇲🇱 La colección Verano africano de Thierry Mugler fotografiada por el propio diseñador en una ciudad santa del Islam. ¿Qué podía salir mal?


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Thierry Mugler fue de todo menos políticamente correcto. De no ser así, no habría dejado semejante huella en la industria de la moda. Además de ser un referente de la moda femenina, también se dedicó a la fotografía. “Es una parte muy importante de mi persona y de mi búsqueda de la belleza”, aseguraba en una entrevista para Vogue, una de las pocas que concedió a lo largo de su carrera.
Durante tres décadas, Mugler recorrió el mundo para fotografiar sus diseños junto a las maravillas del mundo: las salinas del desierto de Atacama en Chile, los icebergs de Groenlandia, la Catedral de San Basilio de Moscú, las dunas del Sahara y la Gran Mezquita de Djenné, en Malí. Su inesperado fallecimiento en 2022 dejó a la industria de la moda un poco más huérfana.
Una de las preguntas del periodista Liam Freeman en la entrevista que concedió a Vogue fue acerca de por qué escogió precisamente esos lugares para fotografiar sus diseños. Esto es lo que dijo sobre Malí: “Es un país increíble y la Mezquita de Djenné es una de las mayores obras de la arquitectura africana. Está hecha de adobe, un material a base de mezclar barro, arcilla y paja. Me pasé cuatro horas bebiendo té con los señores de allí para conseguir la autorización y poder hacerle fotos. Todo fluyó con armonía, la estructura y la personalidad del rostro de Carol, los elementos arquitectónicos y el cielo, que es casi amarillo. Disparar una foto es como pactar con Dios: esperas y esperas y confías que se te concederá la luz perfecta y el gesto perfecto en el momento perfecto. Cuando eso ocurre, todo lo demás ha valido la pena”.
Mugler recordaba esa sesión de fotos con mucho cariño, pero parece que la gente de Djenné no lo recuerda precisamente como una experiencia positiva. De hecho, a raíz de esas fotos, la mezquita prohibió la entrada a personas no musulmanas para siempre.
Puede que te estés preguntando cómo lo sé. Pues bien, porque visité la Gran Mezquita de Djenné hace un tiempo y ni el imán ni Oumar, un guía turístico que decidió que iba ser su cliente independientemente de que yo quisiera o no, tenían muy buen recuerdo de lo que ocurrió.
Prohibida la entrada a los no musulmanes
La verdad es que yo no tenía intención de entrar en la mezquita, pero el imán insistió en que me uniera a la visita convencido de que yo también era musulmana. La confusión tenía razón de ser, pues iba vestida de forma bastante modesta y llevaba velo (un conjunto fucsia con el que conseguí pasar más desapercibida durante el viaje).
Todo iba bien hasta que el imán nos invitó a entrar en la pequeña estructura cuadrada del patio delantero. En ese espacio se encuentran los restos del imán Almany Ismaïla, una figura importante de la ciudad en el siglo XVIII. Mi acompañante se puso a rezar y yo me coloqué detrás manteniendo una cierta distancia y crucé los brazos detrás de mi espalda. El imán se giró, me miró y me dijo en voz baja: “No eres musulmana, ¿verdad?”. No esperó a que yo contestara, se giró de nuevo y continuó con la visita.
Oumar, que estaba siempre muy cerca de mí, me hizo una mueca burlona y me dijo que podía considerarme una auténtica privilegiada por estar visitando la mezquita, pues estaba prohibida la entrada a personas no musulmanas desde hacía muchos años. “Un incidente con unos blancos de una revista”, esas fueron sus palabras. El imán que estaba pendiente de nuestra conversación, se giró y solo añadió que estábamos en un lugar sagrado y que la gente debía aprender a respetar.
Obviamente, en cuanto pude, me puse a investigar sobre el tema. Algunas de las imágenes fueron fáciles de encontrar —las menos problemáticas—, pero otras solo las encontré gracias a la galería parisina Polka.
Una sesión de fotos en una mezquita
Existe muy poca información acerca de lo que pasó. Los pocos artículos que he encontrado al respecto aseguran que la prohibición surgió tras una sesión de fotos de la revista Vogue en 1996, aunque según la galería Polka, las fotos de Mugler en Djenné datan de 1987. “Tras una sesión de moda para Vogue en 1996, en la que se veía a modelos con poca ropa rozando sus famosos muros de adobe, la ciudad se indignó tanto que desde entonces se prohíbe la entrada a la mezquita a los no musulmanes”, aseguraba Jan-Carlos Kucharek en un artículo para Riba Journal.
“Vogue, en una muestra magistral de falta de respeto, realizó una sesión fotográfica de moda en su interior. Los confiados imanes, ignorantes de la cultura occidental, no vieron razón alguna para negarse, y no tenían ni idea de lo que estaba a punto de ocurrir”, afirmaba James Michael Dorsey para Perceptive Travel. En 2015, para el San Diego Reader, añadía que “llamadas recientes a sus oficinas francesas sólo confirman que ya no hay ejemplares de ese número, y nadie ha querido hacer comentarios al respecto”.
Le mandé un mensaje a Oumar a través de Whatsapp para que me sacara de dudas, pero era tan solo un niño cuando ocurrió y jamás había visto las fotos en cuestión. Cuando se las mandé, su respuesta fue una carcajada. En la ciudad parece que la historia se ha convertido en una especie de fábula que sirve para ejemplificar cómo ciertas personas van por el mundo creyendo que se lo pueden permitir todo y cómo ellos no se dejaron pisar.
África desde el exotismo
Todas las prendas que aparecen en las imágenes son de la colección primavera-verano de 1988 de Mugler, titulada “Verano africano”. Una colección que hoy en día habría recibido numerosas críticas, pero que fue una amalgama de referencias, técnicas de sastrería, materiales e innovación que no dejó a nadie indiferente.
Una ilusión mugleriana marcada por el exotismo y propia de un momento en el que la moda y el escapismo iban de la mano. Esta colección incluso fue el pistoletazo de salida a la carrera del actor beninés Djimon Honsou, a quien todo el mundo recuerda por la película “Diamantes de sangre”. Mugler lo descubrió en París y no solo aparece en muchas de estas imágenes sino que también participó en el desfile.
Minifaldas, poses sugerentes y una dosis de sacrilegio que podría herir sensibilidades, así describiría la mayoría de las imágenes. Sin embargo, fue una imagen de la modelo maliense Fayel Tall, la que me convenció de que esa sesión tuvo que ser la que marcó un antes y un después en la ciudad. Con los pechos descubiertos, un total look de pelo inspirado en una estética precolonial que nada tiene que ver con la región en cuestión, una lanza en mano, y subida en uno de los monumentos religiosos más apreciados de la región, la modelo protagoniza una imagen tan espectacular como problemática.
La prohibición ni siquiera parece una reacción exagerada ante semejante afrenta. Es una pena que una sesión de fotos rompiera esa relación de confianza desde la que la gente de Djenné aceptó con gusto que se diera visibilidad a un monumento religioso del que se sienten profundamente orgullosos, pero no puedo evitar esbozar una sonrisa al imaginar el revuelo que tuvo que causar en la plaza semejante espectáculo. A una le gusta el drama.
Esta sesión de fotos es una fantasía tanto para quienes anhelan volver a esos tiempos “más libres” y quienes se mueren de vergüenza ajena solo con imaginarse la escena. Es de esas cosas que ocurrían a finales del siglo XX y que hoy en día serían impensables. La cultura de la cancelación no existía en ese entonces y, de existir, no se habría aplicado a lo que un grande de la moda occidental decide hacer desde el exotismo en Malí.




