La inversión española en África: del sesgo del riesgo extremo a la necesidad de aliarse con socios locales fiables
💶Una veintena de empresarias, inversores, analistas y comunicadores se reunieron este lunes en Madrid para hablar de oportunidades, retos y compartir experiencias sobre hacer negocio en África
La percepción de riesgo sigue siendo uno de los principales frenos a la inversión en África, incluso en contextos donde los datos objetivos muestran crecimiento y estabilidad. Sin embargo, esa realidad sucede más con empresas españolas que no han operado en ningún país africano que las que ya están dentro.
Lo podríamos llamar el sesgo del riesgo, y es una de las conclusiones del IV Círculo África Mundi titulado Invertir en África: las mayores oportunidades de un continente en auge organizado el lunes 16 de mayo de 2026 por África Mundi en Caixaforum en Madrid.
Inversores, empresarios, analistas y comunicadores debatieron sobre relaciones comerciales con el continente, oportunidades por sectores y países, cómo minimizar el riesgo y a su vez hacer inversiones con responsabilidad.
Un ejemplo del riesgo se ve en el turismo. En Colombia o México hay más secuestros que en todos los países en conjunto de África Occidental, pero aún así el turismo allí sigue prosperando y siendo una pequeña parte de la economía. En África, mientras, el turismo se reduce a tres o cuatro países como Kenia, Tanzania, Sudáfrica o islas paradisíacas como Mauricio o Seychelles, reducido a turismo de safari o playa. En el continente hay oportunidades en la gran mayoría de sectores, incluso en el sector espacial, donde la formación tecnológica sin embargo es esencial.
A la hora de elegir dónde invertir, un factor puede ser la predisposición para hacer negocios y la estabilidad política y financiera. Si hablamos de lo primero, países como Mali se presentaron como de mayor riesgo y menos receptivos para el negocio, con cuotas directamente para hacer negocios con recursos naturales que un empresario debe aceptar. Sin embargo, otros como Senegal suelen dar la bienvenida con mayor facilidad, y hay lugares estables como Costa de Marfil, Botsuana o Namibia donde hay un marco estable y otros pequeños países como Benín que han dado pasos para establecerlo y recibir inversión.
Sin embargo, la clave no es tanto dónde, sino con quién. Es vital asesorarse de personas de confianza y con contactos. Para ello se considera necesario el contratar a personas locales que conozcan la idiosincrasia del lugar donde se quiere invertir, las comunidades con las que se trata y los usos y costumbres a la hora de hacer negocios.
A las empresas españolas se les asocia menos con el pasado colonial que a las francesas o británicas, pero esa área de influencia está cada vez más rota y cada vez hay más actores que invierten sin tan siquiera conocer el idioma, simplemente con un buen traductor y buenos contactos. Es el caso de empresas chinas o americanas en R.D. Congo, por ejemplo, pero también indias, de Bangladesh o turcas, por poner otros países menos mencionados.
Dentro de las necesidades de invertir es hacerlo con paciencia. El mercado se caracteriza por un mayor riesgo inicial, pero se ha de tener paciencia a la hora de comenzar un proyecto y no depender únicamente las inversiones de países o sectores muy volátiles.
En ese sentido, se llegó a comentar que para algunos inversores es mejor invertir en países con continuidad de un gobierno que en otros donde cambia, porque entonces el siguiente gobierno puede deshechar un proyecto que fuera de su rival político. Es por ello que puede ser más rentable a largo plazo ciertos países autoritarios, aunque el problema de estos últimos es que comúnmente no hay una visión de país sino el enriquecimiento de unos pocos.
La corrupción como un impuesto y el sesgo racista
Una de las grandes cuestiones que se trató es el sesgo de que para hacer negocios en África hay que hacer relaciones clientelares con miembros del Gobierno. Básicamente, corromperse.
Las conclusiones a las que se llegaron fueron que las maneras de actuar no son muy diferentes a España, donde aunque hay más mecanismos de control, las relaciones personales determinan muchas veces licitaciones, dirigidas hacia un tipo de empresa u otra, y que esto es una visión negativa y racista que se debe quitar hacia el continente.
Por un lado, porque no siempre es un problema de los Gobiernos al más alto nivel, sino que puede pasar con personas desde aduanas al llegar a un aeropuerto a técnicos municipales que directamente desconocen tu proyecto y no lo priorizan por no saber de qué se trata. Por ello se puso como importante el contratar a gente local, por mucho que a veces técnicamente no sean necesarios para el proyecto, para facilitar los proyectos en los países.
Por otro, se explicó que a muchos inversores se les plantea ciertos actos que se podrían considerar corruptos en Europa como un impuesto informal. No queda otra opción porque el impuesto total sobre la renta generada, la carga impositiva. En el Compromiso de Sevilla firmado el año pasado se puso el objetivo de que la carga impositiva llegue al 15% en países en desarrollo, pero en Europa en algunos casos ya es para las empresas de hasta el 60%, por lo que esa diferencia es lo que se acaba pagando, la mayor de las veces en mucha menor cantidad.
Por último, se mencionó la necesidad de hacer hincapié en historias de inversión positivas, y de la necesidad de quitar prejuicios sobre que solo se deben hacer negocios en África en sectores de desarrollo como la construcción de infraestructuras como canales de agua, carreteras o electrificación, insistiendo en que es lícito invertir buscando simplemente un rendimiento económico. Eso sí, siempre debe actuarse con los estándares que un empresario haría en su país y no menores por el hecho de trabajar en terceros países.




