La crisis de la democracia liberal en el Sahel: entre discurso, poder y realidad
La democracia liberal en el Sahel pierde credibilidad cuando sus defensores la aplican de forma selectiva y geopolítica.
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Durante décadas, la democracia liberal se ha presentado como el horizonte político universal. Elecciones libres, separación de poderes, derechos civiles y pluralismo han sido promovidos como estándares incuestionables del buen gobierno. No solo como un modelo entre otros, sino como el modelo.
Sin embargo, en los últimos años, esta narrativa comienza a mostrar fisuras. No porque el ideal democrático haya perdido su valor, sino porque quienes más lo invocan son, con frecuencia, quienes menos coherencia muestran al aplicarlo. La democracia liberal ya no aparece únicamente como un sistema político, sino también como un lenguaje de legitimidad, utilizado de forma selectiva en función de intereses concretos.
Desde el Sahel, esta contradicción se percibe de manera especialmente intensa. No solo por la relación histórica entre África y las potencias occidentales, sino porque gran parte de las poblaciones sahelianas han vivido durante décadas transiciones políticas, procesos electorales y modelos institucionales inspirados en la democracia liberal que, en muchos casos, no han logrado responder a las principales demandas sociales: seguridad, estabilidad, acceso a servicios básicos o mejora de las condiciones de vida.




