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Si le preguntas a tu madre por la película africana que más le gusta, seguro que te dice la del director estadounidense Sydney Pollack. Memorias de África tiene toda la imagen de África que históricamente ha quedado grabada en la mente del espectador occidental: la sabana africana, la diversidad de la naturaleza, la fauna exótica, las costumbres de grupos étnicos y sobre todo, protagonistas blancos.
La película narra el viaje de la aristócrata danesa Karen a Mombasa en 1914 para casarse con el barón von Blixen-Finecke, hecho que consolidaría su estatus socioeconómico. Entre las colinas de Ngong en el centro del país, el hilo romántico de la película da un giro tras la aparición de un joven aventurero y el colapso de la compañía de café dirigida por la aristocracia europea en Kenia, la Karen Coffee Company.
En esta plantación de café trabajaban uno de los grupos étnicos mayoritarios en Kenia, los kĩkũyũ, y aunque la lucha de la protagonista por cederles las tierras es aclamada como parte de su valentía y generosidad, pasa por alto la apropiación cultural europea de las tierras o la lucha de las poblaciones dentro del sistema colonial británico de Kenia.
El continente africano ha sido históricamente representado en el cine occidental bajo los mismos parámetros, tanto en las películas coloniales como en los clásicos infantiles como el Rey León (1994) o incluso en la ciencia ficción como Black Panther (2018).




