El batik que desafía al wax: moda 100% africana desde Togo
🇹🇬 En un sector inundado de telas importadas y ropa de segunda mano, esta marca togolesa apuesta por la artesanía, la identidad cultural y siluetas modernas que no entienden de género.
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En Lomé se respira moda. En las principales avenidas se alzan vallas publicitarias de Vlisco, el imperio holandés que, hasta hace poco, dominó los mercados de la capital togolesa. Las telas wax —que fuera del continente hemos bautizado simplemente como “telas africanas”— están en todas partes. En los mercados, los puestos emblemáticos de las Nana Benz, distribuidoras oficiales de Vlisco, conviven con vendedoras que ofrecen falsificaciones chinas, conocidas como chinoiseries, y cantidades ingentes de ropa de segunda mano que han revolucionado tanto la venta como el consumo.
El debate sobre si las telas wax pueden considerarse africanas suele girar en torno a su origen, ligado al colonialismo. Sin embargo, solemos pasar por alto un dato revelador: menos del 10% de estas telas se produce en el continente. Si su origen no es africano y su cadena de valor beneficia sobre todo a empresas de fuera, su africanidad resulta, cuando menos, discutible. Frente a esto, emprendedores como Freeman Assogba proponen alternativas 100% made in Africa.
Ahoé Créations es una pequeña marca togolesa especializada en batik que tiene su taller en las afueras de Lomé. Una marca con unos valores muy claros que reivindica una técnica artesanal a la que le cuesta competir. “Es una técnica de teñido textil en la que se aplica cera en algunas partes de la tela y luego se tiñe. Después, se lava con agua caliente para eliminar esa cera y que quede visible el dibujo”, cuenta Assogba, el creador de la marca. “Es una técnica que hace que cada pieza sea única. No vas a ver el mismo tejido dos veces. Y lo bueno de todo esto es que, cuando ves el resultado, te das cuenta de que realmente cuenta una historia. Puedes ver cómo se ha hecho, la paciencia y la determinación que conlleva”, continúa.
Sin embargo, él mismo destaca que el batik es una técnica que llegó desde Indonesia. Ante lo que puede parecer una contradicción, el creador señala que “los países de África occidental la han adoptado y le han dado su toque personal. De hecho, se ha convertido en un legado de la época colonial que se ha conservado y se ha adaptado de diversas formas. En Ghana, también hay batik, pero ellos usan símbolos adinkra que cuentan historias”.
Lo que diferencia al batik de Ahoé Créations del wax que encontramos en cada esquina es que se produce en el continente y de forma artesanal. Puede que no goce de una historia precolonial, pero eso no lo hace menos africano. Y es que la moda es igual de compleja que cualquier otra manifestación cultural en el continente. En cuanto al elemento diferenciador de su marca, Assogba lo tiene claro: “Los estampados, las líneas y el corte”. Precisamente los cortes son bastante arquitectónicos y recuerdan a la estética de marcas japonesas contemporáneas que no entienden de género. Su clientela son “personas creativas y con una sensibilidad por la cultura que aprecian la técnica en siluetas más contemporáneas que se ajustan al día a día”.
Ahoé mezcla dos técnicas en sus prendas. El tie-and-dye consiste en atar la tela con hilo para crear formas antes de teñirla; el encerado, en cambio, se hace con sellos que impiden que el color penetre una vez sumergida en la tinta. “El sello da motivos más precisos, mientras que el atado es siempre diferente. Por eso decimos que cada pieza es única”. Al principio ni se les pasaba por la cabeza crear una marca. “Solo era algo que queríamos probar y ver cómo quedaba”. Cuando empezaron no vendían prêt-à-porter, sino las telas que creaban. Sin embargo, Assogba ya imaginaba entonces los diseños que haría con cada una de ellas, y poco a poco fue despertando en él ese deseo de diseñar prendas.
Crear comunidad ha sido esencial para la marca. “Al principio, hacía telas y las regalaba. Luego se empezó a correr la voz. Después, creé la página de Instagram. No era para vender nada, sino para mostrar a la gente que aquí, en Togo, existe esta técnica artesanal. Luego, la gente empezó a pedirme telas, a enviarme diseños y a preguntarme si podía hacerlos a medida”, recuerda Assogba. De forma completamente orgánica, Ahoé Créations se convirtió en una marca de ropa. Por el momento no tienen un espacio físico ni una tienda online. Todo se juega en las sesiones de fotos, el boca a boca y las redes sociales. “He puesto mi número de teléfono en Instagram. Si lo ven, me llaman por Whatsapp”.
Pese a las limitaciones, sus prendas ya han cruzado el charco. “Hay gente en Burkina Faso, en Senegal, en Costa de Marfil, o incluso en Europa, que me encarga prendas”, asegura. “Si es en África, hago envíos, y si es en Europa, suelo recurrir a mis contactos, a gente que viaja. Ahora también estoy en contacto con una agencia que hace envíos a París en dos días. Una vez ahí, puede llegar a casi cualquier lugar de Europa”, añade. Comprar una prenda de esta marca puede resultar tedioso para quienes estamos acostumbrados a hacer clic y recibir prácticamente cualquier cosa en menos de 48 horas, pero es un ejemplo de hasta dónde están dispuestos a llegar estos jóvenes emprendedores para hacerse un hueco en nuestros armarios.
Este crecimiento orgánico de Ahoé contrasta, sin embargo, con las dificultades estructurales que enfrenta cualquier emprendimiento textil en el país. Sin apoyo institucional, sin infraestructura, sin formación especializada y sin acceso a financiación, así comienzan su andadura la mayoría de marcas de moda del país. Según el último informe de las Naciones Unidas, en Togo cerca del 70 % de la población activa trabaja en el sector informal. Esto significa que la mayor parte de los togoleses no recibe un salario a final de mes, sino que combinan diferentes actividades para subsistir.
En un contexto en el que la inestabilidad financiera es el pan de cada día, emprender en moda es tan emocionante como arriesgado. “Se necesita pasión y también paciencia. No todos los días se puede vender”, asegura Assogba. “Nadie te dice que, tal vez, tengas que ser el vendedor, el comunicador y el modelo”, señala entre risas. Todo es cuestión de probar e ir aprendiendo de los errores con la osadía que exige un contexto en el que todo el mundo tiene que sacarse las castañas del fuego. “Empecé solo y luego se unieron mi hermano y un amigo. Mi hermano y yo nos ocupamos de la producción y mi amigo de la comunicación. También hemos contratado a algunas personas para ayudarnos”. No es un caso aislado. Según el Banco Africano de Desarrollo, las microempresas y las pequeñas y medianas empresas representan el 90 % de las compañías del sector de la moda en África.
Ofrecer diferentes talleres y formaciones se ha convertido también en una forma de generar ingresos para esta joven marca. “La idea es promover y valorizar el savoir-faire africano”. Los turistas pueden acercarse al taller durante unas horas para iniciarse en la técnica del batik, pero Assogba está especialmente orgulloso de la formación que ofrecen a artesanos, tanto en la capital como en zonas más remotas del país. “Intentamos que más personas se incorporen. Es una forma de generar empleo local, algo muy importante”, destaca. La flexibilidad también caracteriza esta parte del negocio. “Ofrezco paquetes de un día o de tres horas para quienes simplemente quieran iniciarse en el batik y descubrir la técnica. Pero si de verdad quieres aprender y dedicarte a ello profesionalmente, la tarifa es diferente y, sobre todo, ya no es una simple iniciación, sino una formación a largo plazo que puede durar meses. Yo mismo nunca dejo de aprender”. La artesanía es cuestión de técnica y experimentación, pero lanzar una marca requiere de mucho más. Por eso Ahoé Créations no teme a la competencia: para Assogba no se trata solo de vender prendas, sino de contar una historia capaz de atraer y fidelizar.
El wax no tiene cabida en su marca. “Sé que no es para mí”, asegura. Sin embargo, reconoce que le inspiró a lanzarse en el mundo de la moda. “Mis padres solían vestirme con telas wax y veía lo bonito que era crear conjuntos con ellas, así que no voy a decir que no es bueno porque lo es. De hecho, para nosotros también es una cultura, pero me gustaría que la gente entendiera que el batik no es solo una tela. El batik también es wax, pero africano”. En un mercado dominado por el wax holandés, sus imitaciones chinas a precios tan bajos como 1500 francos CFA (alrededor de 2,30 euros) y toneladas de ropa de segunda mano, hacerse un hueco no es tarea fácil.
Aún así, Assogba se mantiene optimista: “Nuestra mentalidad tiene que cambiar y, de hecho, ya está cambiando. Hay países africanos que prefieren utilizar lo que producen ellos mismos”. Varios gobiernos del continente buscan reactivar sus industrias textiles, aunque muchas de las medidas se han centrado en frenar la importación, lo que no va a conseguir que las marcas amplíen su producción y sean más competitivas a nivel internacional. Eso requiere de financiación. “La moda en Lomé está empezando a evolucionar. Hoy en día contamos con fotógrafos, modelos, artistas y muchos diseñadores, sobre todo jóvenes, que innovan cada día y, aunque se encuentren con muchas dificultades en el camino, no se detienen, siguen creando”, asegura Assogba. Porque no hace falta que una tela tenga siglos de historia precolonial para ser africana; basta con que se produzca, se piense y se cuente desde el continente.






