Cristianos y musulmanes en el noreste de Benín: la normalidad de convivir
🇧🇯 Una de las lecturas que se hace sobre la situación securitaria en el país es la existencia de un problema de convivencia entre poblaciones cristianas y musulmanas, pero, ¿cuál es la realidad?
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El calor se hace cada vez más presente en el aula de costura, a medida que el sol beninés llega a su punto más alto. El padre Teodoro, sentado en uno de los amplios pupitres, determina con voz firme: “Jamás hemos visto a un grupo de cristianos, que son mayoría, ir a atacar a un grupo de musulmanes ni a un grupo de musulmanes ir a atacar cristianos”
La región de África Occidental se ha enfrentado en los últimos años a desafíos securitarios de gran calibre y la proliferación de grupos armados ha puesto contra las cuerdas a varios gobiernos. Una de las lecturas que se hace de esta situación es la existencia de un conflicto o de un problema de convivencia entre poblaciones cristianas y musulmanas. Esta idea cobra cada vez más fuerza y se va volviendo más extrema, siendo uno de los ejemplos más claros cuando el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, defendió la existencia de un genocidio contra cristianos en Nigeria
La República de Benín es uno de los países donde la inseguridad en las fronteras con Nigeria y Burkina Faso se ha incrementado con incursiones de grupos armados. El país es conocido por ser uno de los más estables de África Occidental, pues desde hacía 30 años había vivido transiciones pacíficas del poder y no existían focos de inseguridad de gran magnitud. No obstante, esto ha cambiado en los últimos años. El 7 de diciembre de 2025 el país sufrió un intento de golpe de Estado que fue rápidamente sofocado. Dos meses después, tuvieron lugar unas elecciones legislativas que dejaron a la oposición sin asientos en el Parlamento.
La mayor parte de la población es cristiana, con en torno a un 52,2% de la población practicante. La segunda religión más seguida es el islam con un 30% de practicantes, seguido de las religiones tradicionales. Para este artículo nos centraremos en la convivencia entre el cristianismo y el islam, ya que religiones tradicionales como vudú son propias de regiones sureñas. Sin embargo, es importante destacar que existe la posibilidad de que las personas cristianas y musulmanas practiquen vudú. La población consulta a sacerdotes o recurre a la medicina tradicional. Por lo que no debemos ver al cristianismo e islam como algo excluyente de las religiones tradicionales ya que se ha dado un sincretismo.
El cristianismo llegó al territorio beninés inicialmente por los misioneros y exploradores portugueses en el siglo XV, pero la evangelización a nivel sistemático comenzó a partir del siglo XIX. Por su parte, el Islam llegó por comerciantes transaharianos a partir del siglo VIII, debido al establecimiento de rutas comerciales y cofradías sufíes
La zona noroeste del país que linda con Nigeria es una de las más afectadas por la cuestión securitaria. Sin embargo, si se pregunta a religiosos y población por la convivencia de cristianos y musulmanes, se generan momentos de confusión, como si fuese la cosa más obvia del mundo. En palabras del propio padre Teodoro “A veces hay enfrentamientos entre dos o tres personas. Pero de forma sistemática, decir que los musulmanes, en Benin al menos, atacan a los cristianos, no es cierto. Puede haber habido pelea entre dos familias, una musulmana y una cristiana. Igual, no por Dios, sino por una cabra que se ha robado. La gente confunde todo”. A medida que las entrevistas se suceden, una idea queda reforzada: sí existe una inseguridad, pero esta es debida a otras circunstancias.
Uno de los ejemplos de dicha convivencia se encuentra en la localidad de Kpari, ubicada cerca de la frontera con Nigeria. En ella se encuentra la misión argentina Sagrado Corazón donde las hermanas son las superestrellas del lugar, y cada vez que salen son saludadas por adultos y coreadas por los niños al grito de ma soeur. “Aquí conviven con mucha naturalidad los musulmanes con los cristianos católicos y con cristianos de otras ramas. Hay una convivencia muy pacífica, no hemos tenido situaciones de enfrentamientos”, declaran.
En el lugar han levantado un colegio al que acuden niños cristianos y musulmanes de la zona. Las clases son impartidas por dos profesores musulmanes. Kassimou, uno de los profesores del centro y musulmán practicante, asegura que “hay diferentes etnias y diferentes religiones, la religión islámica y la religión católica. Nosotros vivimos juntos”, afirmando que la situación no ha cambiado en los últimos años. El docente asegura que la escuela es una prueba de dicha convivencia ya que se admiten a alumnos musulmanes y cristianos por igual y no se decanta por la educación en una fe concreta ya que el objetivo es la educación de los niños. En este ámbito, la educación juega un papel fundamental en la creación de una cohesión social y como neutralizador de identidades excluyentes. En la vida cotidiana existe un profundo conocimiento mutuo de las religiones, en las que el domingo y el viernes son los días más importantes de la semana, y en las comidas el Bismillah y la señal de la cruz se entremezclan.
Sin embargo, la buena convivencia entre religiones no excluye la existencia de cierta inseguridad. La frontera con Nigeria juega un papel clave en las relaciones locales Los entrevistados coinciden en que a un lado y al otro de la frontera existen las mismas familias, pero también son palpables otras cuestiones como el cambio de moneda (de Francos CFA a Nairas) que dificultan un poco más las relaciones en comparación con Togo. La frontera posee escasa vigilancia, por lo que el tráfico de casi cualquier cosa es la realidad del día a día. Por allí pasan personas, comercio, contrabando y grupos armados. Países fronterizos con Benín, como es el caso de Burkina Faso, Níger y Nigeria, tienen importantes desafíos securitarios y la porosidad de estas fronteras hace que el propio país se vea afectado.
En 2019 ya se advertía de la posibilidad de que Togo y Benín fueran zonas vulnerables a la estrategia de expansión de grupos armados donde ya se estaban dando incidentes aislados en la frontera beninesa como secuestros. Durante los siguientes años la violencia continuará aumentando en la zona fronteriza, especialmente con Burkina Faso, ya que en dicha zona existe una reserva natural que resulta difícil de controlar. En el año 2025 ya se realizaban ataques importantes en Benín como el ocurrido el 8 de enero en el que el grupo yihadista JNIM atacó el puesto militar “Point Triple” que resulto en 28 militares muertos. Actualmente la zona del norte de Benín está completamente desaconsejada para viajar tanto por las instituciones gubernamentales como por la propia población.
Las hermanas aseguran que, aunque la convivencia religiosa es buena, la inseguridad está presente. Ellas no deben permanecer en el mismo lugar varios días seguidos, por lo que se ven obligadas a desplazarse regularmente por tortuosos caminos de tierra. La principal preocupación son los secuestros, pero no por ser religiosas sino por ser blancas, ya que se ven como objetivos valiosos por el alto precio que se puede exigir por el rescate. En las causas subyacentes a esta inseguridad se han dado diversas explicaciones. No se niega la inexistencia de extremismo religioso, ya que los grupos armados son muy numerosos y diversos y en algunos se puede dar este fenómeno. Una fuente que ha pedido permanecer en el anonimato debido a su profesión, declara: “Lo que está sucediendo en los últimos años es el cambio en el islam a causa de factores externos, o a veces son musulmanes a los que les dan una beca de estudios y van a estudiar fuera y vuelven y están radicalizados. Entonces comienza a cambiar gradualmente el rostro del Islam local y ese es el desafío”.
La religión es un recurso de poder blando de gran potencial para determinados países. Las becas de estudio son una estrategia muy eficiente para promover las ideas, valores y lazos de cooperación, sin embargo, no es la única que se ha observado sobre el terreno. En las localidades beninesas se suceden las iglesias y las mezquitas. Algunas de estas mezquitas son levantadas por personas particulares tras su regreso de la peregrinación a La Meca, otras, sin embargo, cuentan con la colaboración de países como Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudi, y así lo muestran las placas colgadas en las paredes exteriores de las mismas.
La construcción de lugares de culto en el continente africano es una de las estrategias predilectas de las monarquías del golfo para aumentar sus lazos de cooperación con los países de la zona y que luego pueden desembocar en acuerdos de gran magnitud. En la religión islámica existen diferentes corrientes, y aunque en África predomina el sufismo, que se entremezcla con las tradiciones locales, podemos observar como las interpretaciones como la wahabita cobran cada vez mayor presencia. La entrada de esta corriente religiosas en el continente puede llegar a jugar un papel fundamental en los equilibrios religiosos que se han dado durante siglos.
Para poder tener una visión más cercana de la situación en la frontera hay que ir a Proukakoubarou, una población tan pequeña que ni aparece en muchos mapas, pero que se encuentra a menos de seis kilómetros de la frontera con Nigeria. En ella se ve su cercanía por la cantidad de motos que circulan cargando rascacielos de mercancías, pero también la inseguridad, porque no había motorista sin un arma de fuego. Allí Jérémie, el profesor de la escuela, comenta que no hay diferencias entre los cristianos y musulmanes de un lado y otro de la frontera ya que son las mismas familias, pero con el objetivo de combatir la inseguridad se han creado “grupos de cazadores” que son integrados por personas de ambas religiones. Tras un contundente Ñam Pilé, que consiste en ñame cocido y machacado hasta conseguir una pasta densa que se acompaña con salsa, carne o verdura y condimentos, Aboudou Chabi, entrenador del equipo de fútbol del pueblo y también musulmán, reafirma la buena convivencia entre cristianos y musulmanes, ya que viven y trabajan juntos. Achaca el problema de la inseguridad a otros factores: “Hay un problema, pero aquí yo creo que la discriminación no es una por la religión, es por el dinero”.
La religión es un problema complejo y las convivencias no siempre son fáciles. Sin embargo, en la zona fronteriza entre Benín y Nigeria podemos comprobar que la buena convivencia es la norma. Esta compleja situación se encuentra atravesada por otros factores como el poder y la lucha por los recursos. Una situación que desgraciadamente se repite una y otra vez en el continente.





