Alberto Edjogo-Owono: "No es más grave un cántico racista porque un futbolista se enfade que otro al que le lanzan un plátano y se lo come"
📚 Hablamos con el periodista deportivo Alberto Edjogo-Owono, que acaba de publicar su segundo libro "Heridas en la Piel: fútbol, racismo e identidad" tras el éxito de "Indomable" de fútbol africano.
A Alberto Edjogo-Owono quien le guste el fútbol le escucha todos los findes de semana. Es más raro leerle, pero con la publicación de su libro Indomable sobre fútbol africano demostró que su habilidad para enganchar al espectador se trasladan de la pantalla a las páginas de un libro.
El 8 de abril salió a la venta su segundo libro, Heridas en la Piel: fútbol, racismo e identidad, donde habla de su vida como futbolista en España y recorre los principales casos de racismo contra jugadores negros, con la reflexión sobre el fútbol y la sociedad española.
Nacido en 1984 en Sabadell, Edjogo-Owono vivió el racismo en su piel. De madre española y padre ecuatoguineano, recuerda como su padre le inculcó siempre la rectitud en su educación a él y sus otros dos hermanos. “Siempre nos ha educado diciendo que tenemos que ser siempre impecables en nuestro comportamiento. Él siempre vestía traje y corbata, iba a misa por las mañanas y si había cualquier conflicto no se metía”, explica. “Siempre nos ha enseñado a ser ejemplares y nos decía: ‘Si tú haces una trastada, somos todos los que hacemos la trastada. Cuando era pequeño no entendía lo que quería decir y pensaba: ‘Ostras, qué injusto, ¿no? Que yo no puedo hacer una trastada como la hace mi compañero de del colegio.’ Con el paso del tiempo me he dado cuenta de que tenía muchísima razón”
Esas heridas en la piel las ha visto también en sus referentes en el fútbol español que menciona en el libro, como Wilfred Agbonavbare, el histórico portero nigeriano del Rayo Vallecano. “Siempre que voy a Vallecas hago fotos al mural”, admite todavía hoy. Wilfred sufría ataques racistas como aquel de “Negro, cabrón, recoge el algodón”, en el Bernabéu. “Lo recuerdo muy violento, pero yo en mi cabeza de 10 años no entendía eso como racismo”, asegura Edjogo-Owono.
En esta conversación de 45 minutos se divide en dos partes: una primera sobre la actualidad del fútbol africano y una segunda sobre el racismo en el fútbol español, donde hablamos de si hay un auge en el racismo, el comportamiento de quienes lo sufren y la reacción ciudadana, los protocolos para frenarlo en el fútbol español y la diferencia entre un insulto racista y uno común. Pero adelanta: “Sería beneficioso para la venta de libros que yo pusiese aquí un escenario apocalíptico con el racismo”, pero “está mejor ahora que los 90, que también hay que ver de donde venimos”.
Empecemos por lo más reciente. R.D. Congo irá al Mundial 2026 y serán 10 selecciones africanas. A algunos no les ha sentado bien que hayan tantos africanos y no vaya Italia, por ejemplo.
Se ha aumentado 12 selecciones con respecto al último Mundial, de 32 a 48. Se han sumado 16, ha habido un aumento de de un 50% de selecciones y hay un aumento del 100% de africanas que van. Gattusso el técnico italiano se quejaba el otro día de que por qué había 10 africanas. En realidad son 9 y media, pues hay nueve plazas fijas y una de repesca que le ganó R.D. Congo a Jamaica.
La FIFA tiene una política de votaciones muy clara. En África hay 55 federaciones, entonces, claro, si yo prometo nueve plazas y media, es más probable que tenga muchos votos en la en la zona africana y un voto de Botsuana vale lo mismo que un voto de Alemania, de tal forma que me interesa tener a estos contentos. Eso que vaya por delante.
Luego en cuanto a visibilidad los Mundiales lo bueno que tienen es que te abre mucho la mente. Curaçao va al Mundial. Ostras, pues yo sinceramente no tengo ni idea de Curaçao, pero me va a obligar a curiosear para entender de dónde vienen, cómo han formado la selección, qué condiciones hay en el país y creo que eso a nivel africano pues va a gustar mucho.
R.D. Congo es un país gigante, el undécimo en cuanto a extensión a nivel mundial, es un país que las ha pasado muy canutas durante toda su su historia y que vuelve a esa Copa del Mundo 52 años después bajo otro nombre (entonces era Zaire).
Todo eso va a ayudar porque el Mundial al final es fútbol, sí, pero son 104 partidos y 210 horas de fútbol. Y todo lo que engloba alrededor, todo el colorido que va a haber como con la figura de Patrice Lubumba, que va a estar ahí presente porque los jugadores ya han pedido que estén los partidos. Hay mucha gente que no tiene ni idea del Congo ni de quién fue Lumumba que va a empezar a investigar y decir, “Oye, este señor, ¿qué hace aquí vestido con puño en alto?” Va a ayudar a visibilizar primero y luego también a quitar muchas etiquetas y estigma que todavía todavía están, la mayoría de ellas por ignorancia y desconocimiento.
Claro pero hay gente que le gusta el fútbol que no entiende por qué va Cabo Verde y no Italia. ¿Es eso racismo o simplemente ser un pureta del fútbol?
Es un poco el gen este del del del salvador blanco. Cuando Islandia clasificó a a su primera Eurocopa, pues qué contentos estaban todos de que Islandia con 200.000 habitantes la gesta que habían conseguido los vikingos, qué bien y qué fuerte.
Pero Cabo Verde va a la Copa del Mundo porque ha eliminado a Camerún en su fase en su clasificación de grupo. Aquí confluyen dos cosas, creo que una no sé si es racismo o es una sensación de clasismo de que Camerún, si hubiera clasificado, no creo que se hubiera dicho qué hace Camerún aquí. Me parece. No sé no sé si tiene más que ver con con la ignorancia, el clasismo y unas gotitas de racismo, pues ahí vas navegando y ese cóctel al final hace que haya pues el discurso como este.
Naciste en Sabadell y jugaste con Guinea Ecuatorial el país de tu padre. Ahora se ha hecho famoso el caso de Aaron Wan-Bissaka el jugador del West Ham de la Premier League nacido en Londres y con acento británico jugando con R.D. Congo. ¿Ayuda a que jugadores de ligas punteras compitan con países de sus padres a la visibilidad del fútbol africano y a reducir el racismo?
Un país, digamos, con menos tradición futbolística si tienes jugadores de Premier League, cinco jugadores de la Liga española, pues de alguna manera tus ojos se van ahí.
Sí que es verdad que aquí a mí se me abre un un dilema moral: ok, por un lado está bien, pero claro. Ojo, no quiero ser hipócrita. Yo he nacido en Sabadell y si hubiera tenido nivel para jugar con la selección española, pues hubiera intentado jugar con la selección española, porque es el país donde he nacido, donde me he criado, donde estoy y donde me he formado. Yo a veces pienso, qué pena que no hayas elegido el país de tus padres, pero pienso es que yo mismo en un momento también lo hice así.
Pero sí que es cierto que por un lado no estás obligando a los países africanos a desarrollarse futbolísticamente para que ellos mismos tengan selección sub-17, selección sub-19, selección sub-21, crecimiento de la liga local… porque si ya puedo ir rescatando jugadores costados formados en otro sitio, para qué voy a hacer una inversión, digamos, en el crecimiento de la base. En el corto plazo te ayuda a competir, pero en un medio y largo plazo para mí está quitándole la obligación de formar.
Ahí se me genera siempre esa ese dilema moral con casos como el de Kevin Price Boateng, que solo iba con Ghana a Copas de África o Mundiales, no a clasificatorios. Oye, si tú eliges ya representar al país de tus padres, tienes que ir a fondo con esto. Por ejemplo, los congoleños Cédric Bakambu y Chancel Mbemba son un ejemplo muy claro de esto: si tengo que jugar en Yibuti, voy, si es Sudán del Sur, pues voy también.
Hay un compromiso ahí que que eso a mí sí que me gusta, pero insisto, creo que ese ese facilidad de ir a pescar ‘hijos de’ que ahora están desarrollándose en Europa de alguna como que al que está aquí le quita la obligación de desarrollar lo interno. Me parece que ahí debería haber un un un equilibrio, que, por ejemplo, Marruecos sí lo hace: tiene sus inferiores, sus academias y desarrolla sus propios jugadores.
¿Es el fin del Campeonato Africano de Naciones (CHAN) —competición continental que solo jugaban jugadores que jueguen en clubes africanos— un problema más para ese desarrollo?
La CHAN estaba muy bien porque jugadores como Ayoub El Kaabi, que metió gol de chilena en la Copa África, se dio a conocer en una ,y el seleccionador dice: "Oye, este tío tiene que ir con la selección absoluta”, y luego a partir de ahí pues poco a poco va desarrollándose.Luego se hacen torneos como la CEMAC, por ejemplo, que yo he jugado un par de ediciones, que se juegan los los países que están en en la zona central como Camerún, Guinea-Ecuatorial, Gabón, Chad, República Centroáfrica y República de Congo. Ahora la Confederación Africana de Fútbol ya va al formato Superliga y no le da la importancia a lo de abajo.
¿Qué está ocurriendo en África ahora? Que los principales clubs europeos todos tienen academia en Senegal, en Costa de Marfil, en Ghana, en Nigeria… tienen academias suyas propias financiadas por ellos mismos. ¿Cuánto cuesta una academia en Accra? Pues a lo mejor me cuesta 2 millones de euros al año, ¿no? Imagínate que eres pues el Estrasburgo o el Villarreal. Pues por 2 millones de euros mando a cinco o seis entrenadores allí, desarrollo el talento bajo mi bajo mi paraguas y a la que cumple 16, lo saco de allí y me lo traigo aquí. Eso hace que aquello no se acabe de desarrollar bien.
A mí siempre se me surge eso: por un lado okay, son oportunidades para los chavales y eso siempre me parece que es bueno si son oportunidades que están bien tuteladas, bajo unos parámetros y no hay abandono, con un acompañamiento y si vales, vales y si no, pues oye, eso que te has llevado por el camino. Pero también de otra forma siento como que no se valor a lo nuestro, como decía Touré Yayá. A mí lo que me gustaría es que Costa de Marfil tuviera una liga suficientemente buena para que un jugador en caso de duda diga: “Oye, pues me parece bien estar jugando aquí”.
El caos de la final de la Copa África, con los jugadores senegaleses abandonando el partido y la posterior decisión de la CAF de darle el título a Marruecos para haber perdido, ¿consideras que refuerza la imagen de los africanos como caóticos y corruptos?
En África hay cosas que han de mejorar. Los países africanos son relativamente jóvenes, tienen 60 años o 70 años y que generalmente ahora están en su segundo presidente o tercer presidente y todavía no se ha dado ese ese ese cambio generacional completo. Es un poco el síndrome del mayordomo que es como que yo he estado en mis tierras y he visto como el hombre blanco colonizador ha estado saqueándome de todo, me han expoliado mi propio recurso natural y ahora que yo tengo poder, voy a saquear todo lo que pueda. Estoy exagerando un poco, pero yo lo he visto. Muchas veces cuando tú quieres hacer algún trato ahí con el ministro, secretario general o no sé quién, en su cabeza ya está el qué hay de lo mío.
Ahora, volviendo a la final. Sí que es verdad que todas estas imágenes refuerzan esa sensación de desorden, pero la última Copa de África en Marruecos ha tenido estadios de primerísimo nivel, césped espectacular a pesar de las lluvias, logística y organización buena, sensación de tranquilidad y de seguridad.
Pero es verdad que en la final especialmente hay una serie de altercados que desde aquí se aprovecha para reforzar el sesgo de confirmación. Tú ves una Copa de África y no pasa nada hasta que pasa y entonces dices: ¿ves como aquí no hay orden? Me parece también injusto que de todo esto cojas un trozo y digas: “Ves como no se puede hacer nada con con esa gente”, pues tampoco lo veo justo, ¿verdad?
Vayamos al libro. En España hemos tenido casos recientes como el de Vinicius en Mestalla, o ahora hace poco el cántico de Musulmán el que no bote en un partido contra Egipto. Parece que llamar “moro” o “mono” a alguien es equiparable a llamarle “gilipollas”. ¿Nos falta educación como país?
Fíjate en el propio lenguaje. La palabra blanquear quiere decir formar algo que es ilegal en algo que es legal, mientras que la palabra denigrar lo que está diciendo es poner a alguien peor de lo que está o arrinconar a alguien. En el propio lenguaje de manera implícita ya estás siéndolo. Es aquel famoso mensaje de Mohamed Ali de que la palabra “black” va para mal: he tenido la negra, un día negro, etc. Pero es siempre la sensación de lo blanco es bueno y lo negro es malo.
A partir de aquí: yo hasta hace poco veía una mejora muy grande en los campos de fútbol con respecto al racismo. Está mejor ahora que los 90, vale. Tengo que ver también de dónde vengo. Ahora sí que estoy viendo un puntito de de auge, que no sé si es algo circunstancial, puntual, o concreto, pero no creo que sea generalizado, sinceramente.
¿Hasta qué punto crees que esas mentalidades racistas en el fútbol están vinculadas al auge de la extrema derecha?
Eos mensajes de la ultra derecha, que son cortos, concisos y que no tienen análisis, que es solo superficial, cala mucho y va muy en concordancia con el tipo de mensaje que los más jóvenes consumen hoy en día. A los chavales de 18, 19 o 20 años una reflexión de un minuto y medio es demasiado texto, pero un mensaje de una marquesina de un autobús que ponga “Tu abuelo con 600 euros al año y la mujer magrebí 3.500 al mes” Claro, eso es un mensaje muy chocante.
Luego también creo que que hay situaciones en barrios que están muy tensionados y hay mucha inmigración, se empieza a subir la densidad de gente en un espacio muy reducido donde generalmente las posibilidades son más bajas. En Pedralbes los expats no genera tensión porque mi vecino llega a final de mes tranquilamente, pero hay zonas donde cuesta llegar donde las oportunidades son menos y se densa la población. Hay un punto de tensión ahí que me parece que necesita más implicación por parte de las autoridades. Si yo no abordo la situación que hay y no soy capaz de ver qué está pasando aquí ese foco de tensión luego puede explotar.
Yo veo un pequeño repunte y fíjate que yo escribo sobre esto, seguramente a mi editor le gustaría, bueno, no sé si le gustaría o no, pero sí que sería beneficioso para la venta de libros que yo pusiese aquí un escenario apocalíptico, pero no.
Luego también se mezcla muchas cosas también porque “Musulmán el que no bote”, ¿qué quiere decir esto? Musulmán es el tío que está en Bali y en una de las cunas de la civilización, como es Egipto, entonces, ¿qué me estás contando?
Se mezclan muchas cosas eh y la gente aprovecha el escenario del fútbol, que es un escenario donde tú eres anónimo, donde estás rodeado de mucha gente. Decir una cosa cara a cara cuesta mucho, pero rodeado de gente y en el anonimato como que es más sencillo porque mola, porque me hago el guay.
También porque creo, sinceramente, así lo pienso, que la gente tiene muchas frustraciones internas de que no siente que se está desarrollando bien, de que no siente que está alcanzando sus objetivos, de que miro todo el rato el Instagram y veo que todo el mundo va en en un Porsche y está en Maldivas y yo no llego, o no puedo y estoy frustrado. Entonces me llega el mensaje de que el negro pues le han dado un iPhone en el centro de menores y entonces todo eso hace que que explote, ¿no?
Creo es un cocktail con muchos aspectos y no es tan sencillo de abordar, pero me parece interesante empezar a abordarlo porque estamos viendo que puede ser un problema real.
En el libro Heridas en la piel recapitulas algunos episodios de racismo para ver de dónde venimos. Hablas de los insultos en los noventa a Wilfred diciéndole que recoja algodón en el Bernabéu y él ignorándolo y diciendo después que no pasa nada medio riéndose, de Samuel Eto’o amenazando con irse de La Romareda, Dani Alves que le lanzaron un plátano y se lo comió. ¿No te da la sensación que el público español cataloga como buen o mal negro según la reacción del futbolista a cómo ha sufrido ese acto racista?
Sí, hablo de esto. La gravedad no está relacionada con la reacción del que sufre el episodio racista. Es decir, no es más grave lo que ocurre con uno que se enfada que con uno que le tira un plátano y se lo come. Por ejemplo si a Alves no le molesta, no es grave, No, no, perdona, la reacción es una cosa y la gravedad de los hechos es otra. Cada uno se lo toma de manera distinta. Aquí todo el mundo somos de nuestro padre y de nuestra madre, cada uno tenemos unas circunstancias diferentes. Quizás si le tiran el plátano la semana siguiente, a lo mejor hubiera reaccionado diferente.
Y luego también hablo en el libro lo de ser un negro bueno o un negro malo. Mi padre, por ejemplo, que hablo mucho de él en el libro y de hecho sale la portada, siempre nos ha educado a los tres hermanos con esa sensación de que tenemos que ser siempre impecables en nuestro comportamiento. Él siempre vestía de traje y corbata, iba a misa por las mañanas y si había cualquier conflicto no se metía, intentaba no generar confrontación. Siempre decía: “Os tenéis que comportar de manera ejemplar porque si tu amigo Pepito del colegio hace una trastada, es Pepito el que ha hecho la trastada, pero si tú haces una trastada, somos todos los que hacemos la trastada. Yo cuando era pequeño no entendía lo que quería decir y con el paso del tiempo me he dado cuenta de que tenía muchísima razón.
A mí mucha gente me dice a veces: “España te trata bien y te da muchas oportunidades”. Es la sensación que si tú negro estas aquí y yo blanco como español digamos 100% pura cepa, que es una palabra que también pues escucho mucho y leo mucho, pues te dejo estar aquí, te has de comportar de la manera en que yo creo que tú te tienes que comportar. Si tú te empiezas a comportar de una manera diferente a la que yo creo que tú te tienes que comportar, ya tenemos un problema.
Por eso cuando me dicen, "No, es que claro, a Vinicius le llaman mono y a Tchouameni no”. Solo faltaría que estuvieran insultando a todos los negros. El racismo y cualquier tipo de intolerancia aparecen cuando alguien se empieza a comportar de la manera en que el otro considera que no se tiene que comportar, porque has tenido un conflicto con esa persona y consideras que el comportamiento de esa persona no se ajusta a lo que tú, desde un estatus superior, crees que se está comportando.
Entonces, yo creo que eso es algo muy importante que hay que poner encima de la mesa, el concepto de que yo estoy aquí como un ciudadano más y se me ha de juzgar así, no según el comportamiento que yo tendría que tener porque tú me has dejado estar aquí.
Porque si no claro, una persona negra tiene sensación de tener que ser siempre el negro simpático, agradable y servicial.
¿Está relacionado eso con las críticas a Vinicius? ¿Se pueden criticar sus actitudes sin acusarte de ser racista?
Yo no soy mucho de extenderlo y victimizar todo el rato, no me gusta. Yo cuando hay una cosa que de verdad siento que tal es cuando me veo en obligación de intervenir. Si a Vinicius le llaman tonto todo el estadio porque le han dado un pelotazo, no es un comportamiento racista. Ahora, cuando le llaman mono, entonces sí.
Si tu reacción es diferente a una persona según si es blanca o si es negra, tú mismo estás siendo racista. Si este es blanco y se enfrenta con un jugador de tu equipo y tú le llamas de una manera genérica, “cabrón”, “hijo de puta” o como le quieras llamar, que está muy mal también, o le silbas o le abucheas a este, pero a este otro le tratas diferente y aludes al color de piel, pues tú mismo te estás contestando a la pregunta. Entonces si Vinicius se porta mal en mi estadio y yo le trato diferente a si fuera blanco, ahí hay un racismo implícito.
Si se lo gana pulso porque es un digamos provocador, pues tú llámele provocador, le puedes silbar, le puedes abuchear, eso es parte de la del del fútbol también. Y yo nunca estoy a favor de tranquilidad, esto no es la ópera, obviamente, que el fútbol es pasión.
Pero sí que es verdad que cuando tu comportamiento está influido por el color de la piel de la persona la que tú estás lanzando ese tipo de insulto, automáticamente te estás convirtiendo en un acto racista. Yo siempre digo, yo no sé si tú eres racista o no, no lo sé. Ni me interesa, o sea, yo no sé cómo tú eres, yo sé cómo tú actúas. No estoy dentro de ti, yo lo que veo es lo que tú haces.
Luego están los debates generalizados de girar, pero es que ahora ahí no… eso es luchar contra los molinos, ¿no? Yo lo único que puedo hacer es lanzar esos mensajes y me parece que son bastante claros y lógicos. Si uno ya prefiere pues darle la vuelta y no verlo, pues yo ya ahí tampoco puedo hacer mucho más.
Tú recuerdas algún insulto racista a algún jugador que te marcara de pequeño?
Yo el de Wilfred sí lo recuerdo muy violento. No tengo tan claro que fuera un tema racista, porque luego había cánticos y tal, de “Ku Kux Clan” y de “Negro, cabrón, recoge el algodón” que yo en mi cabeza de diez años no entendía. Pero también te digo, que cuando cuando tú eres negro o mestizo las figuras negras de alguna manera los tienes como referencia.
Yo la NBA la veía con Antoni Daimiel y Andrés Montes los viernes por la tarde que era redifusión del jueves tal porque había muchos negros jugando. Y decía, “Kukoc, chaval, qué bueno es tal.” Sí, sí, pero a mí el que me gusta es el otro, Jordan, Scotty Pippen. Y eso es pues sus referentes que uno tiene.
Entonces, Wilfred era referente para mí. De hecho siempre que voy al campo del Rayo Vallecano siempre hago fotos ahí al mural y tal. Era referente porque era un jugador negro que hacía bien las cosas. Pensaba: “Ostras, si este tío puede hacer esto y yo por qué no puedo hacerlo.”
¿Y tú mismo recuerdas algún episodio racista en concreto como jugador?
En caso propio pues te podría contar. Yo he jugado en la zona de Cataluña, Valencia Alicante y Murcia, la mayoría de mi carrera y he tenido de todo.
Me acuerdo una muy mítica con Edwin Congo, yo jugaba con él en el Olimpic de Xativa y fuimos a jugar al campo del Oliva. El árbitro decía, "Oye, ¿qué hacemos, chavales? Yo estoy muy incómodo, megafonía y tal”. Y al final nosotros dijimos, no, no, hay que jugar, no te preocupes, son cosas del fútbol. Y al final le hice la coña a Congo, le digo, "Oye, hermano, aquí el más negro de los dos eres tú. O sea, que eso va por ti” (ríe).
Luego me fui a casa y digo, “Hostia, mal. Mal, porque había que haberlo afrontado de otra manera”, pero a nosotros nos dieron esa manera de que hay que resistir y si te rebelas eres un problema.
Y luego también he oído que cuento en el libro hablando con mi hermano Juvenal y con Jacinto su etapa como jugadores que ellos decían, “Yo ahora me doy cuenta de que también actuaba así, inconscientemente porque no puedo ser el polémico del equipo. O sea, yo a mí no me pueden etiquetar como polémico, porque si yo me enfrento y paro el partido, ya mal.
Y con los árbitros pasaba también lo mismo, muchas veces por lo bajini te decían, “Oye, tal, esto.” Pero ellos tampoco querían ser protagonistas de una situación así porque si soy protagonista ya estoy marcado.
Esa situación también es es dura y nos han criado así, pero entiendo que hoy en día yo tengo dos hijos, intento intento criarlos de de otra forma de que de que ellos también tengan voz, que se puedan expresar y que no tengan por qué aguantar este tipo de de comportamientos.
¿Falta todavía un protocolo claro en el fútbol español para los episodios de racismo?
Desde hace un par de años sí que hay un protocolo. Primero se avisa por megafonía ponía el mensaje típico, "Por favor, respetemos, tal, no se acepta ningún tipo de cántico ni ofensa de género, de raza, etc" Eso es lo primero, ¿vale? A megafonía. ¿Qué suele ocurrir cuando hay megafonía? Que se aumenta más el tema. En el momento que ocurre una segunda vez, se para el partido de manera momentánea, ¿de acuerdo? No sé si son 10 5 o 10 minutos, ¿vale? Se para el partido. Si ocurre una tercera vez, partido suspendido. Y entonces a ver qué pasa, porque eso de momento no ha ocurrido.
¿Y entre jugadores? ¿Dónde está el límite? Recientemente El Hilali acusó a Rafa Mir de insultarle diciendo “viniste en patera” y se paró el partido.
Sí, está el caso del maliense Mouctar Dhiakhaby en Cádiz. El dijo: “Que se vaya el equipo” Bueno, que se vaya el equipo. El Valencia estaba tres puntos por encima del descenso. Si se va el equipo y le cae seis puntos, ¿qué pasa? Y luego el propio jugador no quiere ser un un problema, o sea, el propio jugador que recibe ese insulto lo que no quiere es que el club sea perjudicado por defenderse él mismo.
Yo aquí soy impopular, pero para mí, entre dos dentro del campo, a mí me parece que eso se tiene que solucionar ahí. Ahí estás desprotegido porque si yo soy El Hilali y te una burrada y tú me dices que he venido en patera y no sé qué, para mí es una intervención de dos que están frente a frente. Eso es una cosa que se tiene que tratar de una manera que no una cosa de un cántico generalizado contra uno indefenso, eso ya es otra manera de actuar. Si no te escuchan, no te ven, no hay cámaras que ya dices, joder, con las cámaras y micrófonos que hay, ya es mala suerte que no te hayan escuchado, ahí no sé si se puede hacer algo más, la verdad.
De todos modos, cuando hay un cántico racista, siempre se reduce a un núcleo de la grada, o a una persona sola, lo que reduce el problema del racismo en el fútbol español ¿No debería el de al lado decirle al que le oye gritar que qué hace?
No basta con no ser racista, hay que ser activamente antirracista. Yo no quiero que mi equipo y mi afición salga en las noticias porque tú estás gritando eso, no quiero que me identifiquen contigo.
Sí que es verdad que en algunas partes, por ejemplo, el Espanyol fue los cánticos contra Iñaki Williams que hubo un sector muy vital que que fue a señalar, son estos tres, ¿no?
Puede ser por mi conciencia antirracista pues me lleva por delante, que no sé si es justo pedirle a la todo el mundo en 2026 que sea así, pero yo sí invito a hacerlo. Ahora, por otro lado puede ser de manera egoísta. Yo cuando algo no se hace por valores siempre apelo al egoísmo. Aunque se porque no quieras que te identifiquen con Pepito, Juanito y Enriqueta. Y que así esos tres fuera el carnet, la Liga se persone como acusación particular y multas de cárcel que con cualquier cosa más se te junten dos años y vayas para dentro o tocarte el bolsillo.
Sí que creo que de alguna manera aunque sea por egoísmo puro hay que identificar. No quiero estar en el mismo saco en el que está en el que estás tú. Y creo que eso a veces se ha hecho, a veces no. Luego también hay que ver las circunstancias de cada uno, pues hay gente que es más más guerrera, gente más tímida y gente que pues no quiere conflictos, porque un tío que dice “mono de mierda” no sabes cómo va a reaccionar si le das un toque de atención. A lo mejor te da un puñetazo.
Pero sí que es verdad que sería interesante, aunque sea por porque no me identifiquen con esta gente, pues poder actuar. Ya hay QR que yo puedo decir, “Oye, pues en la fila 7 asiento 118 hay un tío que está haciendo gestos de mono”. Ahí, por ejemplo, la Premier League tiene un sistema muy claro, ¿no? Y en Inglaterra hay problemas de racismo. Sería injusto decir que hay más racismo en España que en Inglaterra socialmente hablando, porque no creo que sea cierto, pero en un escenario de estadio de fútbol, ahí no vas a escuchar ni vas a ver nada porque es que te empapelan al al minuto.
Salió Lamine Yamal a criticar los cánticos de “Musulmán el que no bote”, pero ¿hasta qué punto es su responsabilidad hacerlo siempre, cargar con esa responsabilidad moral?
A mí sí que me gustaría. Se habla mucho de cómo en la NBA sale LeBron James y se planta ahí delante de la gente que es racista, que compra sus zapatillas también y le sigue en Instagram, pero él se pone por delante y dice: “Eh, chicos, esto no no puede ser”. Yo hecho en falta esa figura en España.
Creo que es primero porque el mestizaje en España no es tan reciente y generalmente era latinoamericano. Ese mestizaje no estaba sacando jugadores que llegaran a Primera División y a la selección española. Era raro, joder, con la colonia de origen ecuatoriano, peruano, boliviano o colombiano que ha habido en España en los últimos tiempos que ningún jugador hubiera llegado a la selección española, o muy pocos. Los que llegaban eran nacionalizados como Diego Costa o Marcos Senna.
A Lamine Yamal le entrevisté hace un año para un documental y me dijo: “Es que yo me quité las redes sociales porque no entendía por qué a muchos no les molestaba que Le Normand y Laporte, que son nacionalizados y han nacido en Francia y han llegado a España hace nada jugaran y no era ningún problema y que Nico Williams y yo que hemos nacido en España seamos un problema que juguemos en la selección.
Y yo dije: “Hostia, pues sí.” Lo dijo alegremente sin darse cuenta, pero es un chaval. Uno también se puede equivocar en esa edad o no tiene por qué cargarse con responsabilidades. Pero por ejemplo, Lamine ahora yo creo que a nivel comunicativo ha cogido una dinámica que a mí me parece bien. Es importante porque los nenes eh escuchan a muchos a sus referencias. Los niños y las niñas copian y para ellos las referentes son estos.
Llega mucho más un discurso de Lamine Yamal que uno de la ministra de Migraciones, pero de lejos. Obviamente tampoco puedes ir pisando charcos todo el rato, porque yo entiendo que eso también genera controversia. Además, en España ya no se mira tanto lo que dice, sino en qué equipo juega el que lo ha dicho. Si juega en mi equipo bien, y si lo dice el otro ya no me gusta porque juega en otro equipo. Eso es así.
Pero creo que es importante porque son referentes. ¿Es obligatorio que sean referentes en algo más que jugar al fútbol? ¿Es obligatorio que lo sean? No. Es recomendable porque tiene un altavoz muy grande y me parece que ese poder se puede utilizar para para mejorar la la sociedad y sobre todo la convivencia. Al final lo que la mayoría de gente quiere es trabajar sus horas cada semana, cobrar su dinero, cenar fuera si puede dos veces al mes y ya está.



